Cuando era chiquito quería ser arqueólogo, vaya usted a saber porque decidí esa carrera. Y es que ser niño es una época maravillosa en la que todo el romanticismo e idealismo están a flor de piel, hay que ser romántico e idealista para ser arqueólogo en este país donde a lo más que uno puede aspirar es a ser huaquero si quiere ganar dinero en esa profesión, o echarse a cavar y rezarle a la Sarita para encontrar al Señor de Sipán II, alguna momia antediluviano o alguna de esas vejeces que te hacen grande como Milo y algo de plata dan, ¿no dicen que los viejos siempre tienen plata guardada?. Luego no sé porque se me dio por ser escritor, algo existe en la magia de las palabras que siempre atrae a los soñadores, porque yo era soñador compelto, déjenme decirles, dormía hasta las 11 am si podía y pues paraba soñando, como me gustaba (y me gusta) jatear, que rico caray. Además ni modo de estar en un sueño mientras se está despierto, eso en Lima equivale a que te roben, atropellen empujen y ese es la situación más optima, la situación mas mejor, hay que decirlo así sin tapujos, mas mejor. Asi sin tanta alharaca, la situación mas mejor, ¿quien es el dueño de las palabras, como quien es el dueño de los sueños, el sol, la brisa del mar como para que me prohíba decir mas mejor?, hoy me siento mas mejor que otras veces anteriores, en donde no estaba tan mas mejor como ahora. Eso es bueno y mas mejor. Bueno y mas mejor no nos apartemos del tema. A mi tierna edad de 12 años ya tenía en claro mi futuro, quería irme de mi casa y establecer un departamento de solteros y hacer fiestas tipo Tom Hanks en “Despedida de soltero” y entonces la preocupación del momento era saber cómo íbamos a meter un burro a la casa, sobre todo porque seguramente había que meterlo a pata nomas, nada de ascensores. Lo de las drogas no era problema porque drogas hay en todas las calles de Lima, fumones abundan aquí. Por cierto, legalícenla.
Ya con 15 años la cosa era más seria y creo que mis pensamientos ya estaban cuajados y yendo hacia un solo objetivo, en esa época difícil de mi vida solo quería tocar la guitarra todo el dia, pero no aspiraba a que la gente se enamore de mi voz, porque canto has las huevas. Con que me escucharan tocar guitarra era bastante, sin embargo el camino hacia el estrellato en el rock es ciertamente difícil. Por lo menos tenia la guitarra y las drogas, pero faltaban las mujeres semidesnudas y obviamente un público enfervorizado que me idolatrara, eso si era un tanto difícil de conseguir en ese momento. Luego de leer tantos libros, medite que la respuesta a mi dilema debería estar pues entre las líneas de algún texto, solo que había que ser paciente. Así un día me ilumine, solo necesitaba esperar a que una aviador cayera de improviso y se pusiera a reparar el motor de su avión, a lo cual yo me acercaría y le diría: Dibújame un público enfervorizado. Sencillo como eso. Ningún aviador cayó, por lo que mi carrera de estrella del rock quedo trunca por culpa del piloto. Malditos sean
Y pues llego el día temido en que tendría que elegir profesión, me decanté por la ingeniería civil, y ustedes dirán ¿porque? Eso mismo me he preguntado yo a veces, también hubiera podido ser un excelente ingeniero mecánico o un excelso ingeniero industria y engañar a todos con mi verbo florido. En realidad ya nada de eso importa, porque así haya estudiado física nuclear, dos veces y con maestrías, el dueño de esta empresa seguiría siendo un gringo casi analfabeto, y la dueña la secretaria, su mujer, que estudio la mejor carrera de todas: secretariado para atrapar gringos.
Como aun no llega el ocaso de mi vida, creo que podría cambiar nuevamente de opinión en cuanto a mi futuro profesional, así que he tomado la decisión de ser millonario. Ojala caiga ahora si el puto aviador ese para poder decirle: dibújame una fortuna. Si, si, ya se, Legalícenla